Por Foodit
Abrir el recipiente de la vianda en la oficina puede ser una pesadilla. Aromas que invaden todo el ambiente y despiertan miradas de reprobación; pastas pegoteadas convertidas en un bloque, sándwichs secos y sin vida; vegetales mustios y sin color o barritas compradas llenas de conservantes. La vianda, muchas veces, queda atrapada entre la practicidad y la resignación.