
Julio Guth
El brócoli y la coliflor suelen tener mala fama por una razón sencilla: muchas veces se cocinan de más. Cuando pasan demasiado tiempo en agua hirviendo, pierden textura, sabor y buena parte de su atractivo. Sin embargo, con el método adecuado pueden quedar firmes, sabrosos y convertirse en mucho más que una simple guarnición.