¿Serán los arándanos las frutas más fotografiadas de Instagram? Es bastante probable. ¿Por qué resultan tan simpáticas estas pequeñas bayas azul violáceas que se colaron en la mesa cotidiana y prometen energía y bienestar?
Más allá de la moda y del algoritmo, los arándanos tienen argumentos sólidos para defender su lugar en la dieta diaria. Solos, directo de la cajita, ya son un aporte interesante de nutrientes y beneficios. Además, suman frescura, acidez y dulzura a cualquier plato. Funcionan igual de bien en desayunos livianos, bocados de media tarde o como contrapunto crunch en platos salados. Lo que pocos saben es que, antes de ser tendencia y convertirse en reyes del mundo fit, los arándanos fueron alimento y medicina. Acá, todos sus secretos.

En la cocina: arándanos todoterreno
Los arándanos se mueven con soltura entre lo dulce y lo salado. Delicados y pequeños, se lucen en la pastelería. Van muy bien con yogur, crema o helado; decoran muffins, budines, cookies, panes, tortas, barritas de cereal o, también, son ideales para hacer mermelada gracias a su buen contenido de pectina (una sustancia natural presente en algunas frutas que actúa como agente espesante).
En platos salados, su acidez combina de maravilla con hojas verdes, quesos, frutos secos y carnes. También quedan geniales en salsas, ensaladas, jugos, cócteles y blends de té. ¿Qué más se les puede pedir?
Tips de cocina y freezer
Los arándanos frescos son pequeñas dosis de placer, y cuando es temporada no hay plan mejor. Pero como se congelan muy bien y mantienen su forma y jugosidad, se pueden freezar y disfrutar todo el año.
Ojo: no deben lavarse antes de ir al freezer, ya que se elimina esa capa cerosa natural que protege al fruto, llamada bloom o pruina (más abajo, los detalles). Lo ideal es congelarlos tal como vienen y lavarlos recién antes de comer.

Otro tip clave: evitar cocinarlos con ingredientes alcalinos como el bicarbonato de sodio, ya que sus pigmentos pueden virar a tonos verdosos poco atractivos. La buena noticia es que, al hornearse, mantienen su forma, lo que permite distribuirlos de manera pareja en cualquier preparación y disfrutar de su color y sabor.
Cómo elegir arándanos de calidad
Hay varios parámetros para reconocer arándanos de calidad al momento de comprarlos. Es importante que estén envasados sin amontonarse, idealmente en recipientes perforados que permitan la circulación de aire. Tienen una vida poscosecha corta, por lo que la refrigeración es clave: cuanto más cerca de los 0 °C se mantengan, mayor será su duración. Traducido: si están achicharrados al sol en la verdulería, seguí caminando.
Sus principales enemigos son la deshidratación y el moho. Basta con dar vuelta la cajita para detectar piezas aplastadas o dañadas. Deben verse firmes, con color azul parejo, sin zonas rojizas ni frutos blandos o con hongos.
Otro punto fundamental, como dijimos, es la presencia de bloom, una señal clara de frescura y calidad. Se identifica fácilmente: una fina capa de aspecto blanquecino o polvoriento que recubre los arándanos frescos. Funciona como un escudo protector y no se debe lavar hasta el momento del consumo.
Curiosidad botánica: los arándanos no nacen azules. Al principio son blancos y, a medida que maduran en racimos, adquieren su tono definitivo.

Un aliado de la salud
Se sabe que el arándano es bajo en calorías, libre de grasas, sodio y colesterol, y rico en fibras y vitamina C. Una taza aporta alrededor de 80 calorías, lo que lo convierte en una opción fácil de sumar al día a día, sin demasiadas cuentas mentales.
Buena parte de su fama se debe a su alto contenido de antioxidantes, especialmente antocianinas, los pigmentos naturales responsables de su color azul intenso. Estos compuestos ayudan a neutralizar los radicales libres y a combatir el estrés oxidativo. Además, aporta minerales como potasio, calcio, hierro y magnesio, y tiene un alto contenido de agua, por lo que también contribuye a la hidratación.
Tradicionalmente, el consumo de arándanos se asocia con beneficios digestivos y la prevención de infecciones urinarias, especialmente en forma de jugos. En los últimos años, ganaron protagonismo por sus beneficios vinculados a la salud cerebral, la memoria y la concentración.
Temporada y producción local
En la Argentina, la temporada fuerte del arándano va desde fines de agosto hasta diciembre, con mayor disponibilidad durante la primavera. Se cultiva principalmente en Tucumán, Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires, entre otras provincias. Originario de Norteamérica, se introdujo en el país a fines de los años 90 como un cultivo no tradicional que comenzó a desarrollarse para satisfacer la demanda de países del hemisferio norte en contra estación. Hoy, ya es parte de la cocina diaria.
Recetas
A continuación, tres recetas fáciles con arándanos. Haciendo clic en cada una de las imágenes se puede:
- acceder al listado de los ingredientes necesarios
- generar una lista de compras automática
- escuchar el paso a paso para preparar el plato
- guardar la receta
- conocer la información nutricional
Cuadrados de arándanos, chocolate y remolacha
Originales, suaves al paladar, son ideales para servir con el café o como postre con una bochita de helado de crema.
Mousse de arándanos
Esta receta, de textura suave y cremosa, es fácil y versátil para disfrutar y replicar con moras, frambuesas e incluso frutillas.
Mermelada raw de arándanos
Sin azúcar y sin cocción, este dulce súper saludable se prepara fácilmente en pocos pasos y es perfecto para disfrutar con tostadas en el desayuno o en la merienda.
“Bayas estelares” y algo de historia
Para los pueblos originarios del nordeste de Estados Unidos, el arándano tenía un carácter casi sagrado. Lo llamaban “baya estelar” porque en uno de sus extremos se puede ver una estrella de cinco puntas. Según la creencia, el Gran Espíritu las había enviado para sanar a los enfermos. Con arándanos aliviaron hambrunas y utilizaron su tinta para teñir telas y cestos con ese azul rojizo tan característico. Secos, los sumaban a guisos y carnes.

Los arándanos existen en forma silvestre en diversas regiones de Norteamérica y Europa desde hace siglos, por lo que están incorporados a la dieta habitual de canadienses, estadounidenses y algunos europeos. Además de frescos, los consumen deshidratados, liofilizados y congelados.
Pequeño, antiguo, viajero y versátil, el arándano demuestra que no hace falta ser grande para tener una historia enorme.
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