
Amigo de la cerveza y las picadas, de los turrones en mesas festivas y en formato garrapiñada en todas las plazas del país. Acompaña rellenos de bombones, chocolates y facturas en la panadería y se lleva todas las miradas cuando se transforma en Mantecol. En los últimos tiempos —hecho pasta o mantequilla, harina, leche y aceite— se convirtió en rey de diferentes dietas. El maní, versátil y delicioso, siempre está cerca.
Históricamente, por cuestiones de marketing, el maní sufre una confusión botánica recurrente: aunque en la práctica cotidiana lo asociamos a los frutos secos, pertenece a la familia de las legumbres, como el garbanzo, la lenteja o los porotos. Crece bajo tierra, dentro de una vaina, casi con perfil bajo. Más económico que sus primas de alcurnia (las almendras, las nueces y las avellanas), el maní entendió las claves populares del barrio.

De la picada a la receta
En la góndola, el maní aparece en múltiples formatos: crudo, tostado, con o sin piel, repelado, frito con sal y más; el maní es todoterreno y quizá uno de los snacks más importantes del mundo. Pero reducirlo a ese rol es quedarse corto. Muchos pasteleros –tras años de ningunearlo- incorporaron el maní a sus preparaciones. Ahora todo es a base de maní: bombones, alfajores, facturas, barritas y más. Y en la cocina salada, cada vez aparece con mayor presencia: salsas, sopas, ensaladas. El maní tiene larga vida más allá del paquetito.
En la cocina, el maní funciona como puente. En crudo es suave; tostado aparecen notas a pan, café y caramelo. Se entiende muy bien con el chocolate, el membrillo, el dulce de leche, la banana y la miel, pero también con la soja, el miso, el jengibre, el ajo, el curry o el ají picante. Esa grasa untuosa y su sabor particular son todo a la hora de pensar un plato.
¿Pasta o mantequilla?
Mucho antes de que la pasta de maní se volviera un básico de la alacena moderna, los pueblos originarios de América ya trituraban los granos hasta obtener una crema espesa, a veces endulzada con miel. No tenía etiqueta ni diseño, pero sí intención: concentrar energía, sabor y saciedad en una cucharada.
A fines del siglo XIX, la idea se industrializó en Norteamérica. Marcellus Gilmore Edson (1849–1940), farmacéutico de Montreal, patentó en 1884 un método para producir mantequilla de maní a partir de granos tostados y le agregó azúcar para espesar la pasta. En 1890, George A. Bayle Jr. comenzó a vender pasta de maní como suplemento vegetariano y proteico. En 1895, John Harvey Kellogg (el mismo de los cereales) patentó un proceso que utilizaba maní vaporizado y la historia sigue hasta nuestros supermercados.
La pasta y la mantequilla no son exactamente lo mismo: mientras la pasta es 100% maní natural molido, la mantequilla suele incluir azúcar, sal y aceites agregados para lograr mayor cremosidad y estabilidad. ¡A leer las etiquetas!
Parecidas pero distintas
Pasta de maní
La pasta de maní es mucho más que untable. En platos salados aporta cuerpo, grasa y profundidad, y funciona especialmente bien en salsas y aderezos, emulsionada con salsa de soja, limón o lima, jengibre y un toque de caldo, ideal para ensaladas tibias, fideos, bowls o vegetales asados.
También acompaña muy bien carnes como pollo o cerdo, se luce con berenjenas, zapallo o coliflor y puede reemplazar parte de la crema o la manteca en guisos. Es base de muchas preparaciones de inspiración asiática —como el satay— y un gran aliado para balancear el picante.
En dulce, su perfil tostado y graso funciona en rellenos y cremas, combinada con chocolate, dulce de leche o quesos suaves, y también en bases y masas: desde cheesecakes hasta brownies, budines o cookies, donde puede reemplazar parte de la materia grasa sin perder sabor ni textura.
En la actualidad, se convirtió en aliada de dietas como la keto o low carb por su aporte de grasas saludables y proteínas vegetales. Aunque algunos puristas keto sostienen que no se debe comer maní para no perder el estado de cetosis. Debates de estos tiempos, mejor consultar al nutricionista.
Mantequilla de maní
La mantequilla de maní, en cambio, se luce en el terreno dulce: rellenos de tortas, alfajores y bombones, cremas para untar, frostings y cremas con chocolate, así como en masas de cookies, brownies y budines, donde aporta humedad, sabor tostado y una textura envolvente. Incluso hay atrevidos que las usan en reemplazo del dulce de leche (risas).
Harina de maní
La harina de maní es un comodín interesante en la cocina: aporta sabor tostado, proteína y textura, y funciona especialmente bien en preparaciones sin gluten o para sumar cuerpo sin recurrir a harinas refinadas. Se puede usar para enriquecer masas de budines, brownies, cookies y tortas, combinada con otras harinas para dar humedad y profundidad.

En panadería salada, suma carácter a panes rápidos, crackers y bases de tartas. También funciona como espesante natural en sopas, guisos y salsas, aportando un fondo levemente dulce y untuoso. En rebozados, mezclada con especias, agrega crocante y sabor, y en preparaciones plant based ayuda a reemplazar parte de la proteína y la grasa, dando estructura y saciedad sin robar protagonismo.
Finalmente, el aceite de maní, elegido por su estabilidad y sabor neutro, es favorito para frituras. Y la leche vegetal aporta sabor y nutrientes a preparaciones históricamente lácteas.

Recetas para cocinar con maní
Haciendo clic en cada una de las imágenes se puede:
- acceder al listado de los ingredientes necesarios
- generar una lista de compras automática
- escuchar el paso a paso para preparar el plato
- guardar la receta
- conocer la información nutricional
Pasta de maní casera
Con un solo ingrediente y en simples pasos es posible preparar una crema nutritiva -con grasas saludables- y versátil para disfrutar en desayunos, meriendas y postres.
Sopa de tomate y maní
Cremosa y aromática, con un sutil toque picante de chili oil que despierta el paladar y ofrece texturas sorprendentes en cada cucharada.
Tallarines salteados con brócoli y maní
Dale un respiro a la salsa de tomate y disfrutá de estos fideos poderosos con vegetales y maní crunch; una receta perfecta para un almuerzo exprés.
Cookies proteicas de pasta de maní
Son el snack ideal para matar el antojo dulce con un bocado energético; crocantes por fuera, suaves por dentro, irresistibles.
Tarta de maní y chocolate
Una propuesta para golosos de ley que conocen la buena vida y adoran un bocadito dulce con el café.
Pan de maní
Sin harina ni lácteos, ideal para un desayuno energético, lleno de proteínas y sabor; untalo con manteca de maní o ricota condimentada y arrancá la mañana bien arriba.
Tostadas francesas con frutillas y pasta de maní
Pan integral embebido en una mezcla de huevo, leche descremada y stevia, dorada en aceite de girasol -en vez de la clásica manteca-, para darse el gustito y acompañar con frutas frescas.
Maní, el gran maestro de la nutrición
Sí, se sabe que el maní aporta grasa buena, proteína y fibra. Además, ofrece vitaminas del grupo B, vitamina E, minerales como magnesio, fósforo y zinc, y antioxidantes como el resveratrol —el mismo que se celebra en el vino tinto—, presente sobre todo en la piel del grano. Consumido con moderación, genera saciedad, energía sostenida y ayuda a regular el colesterol.
De Córdoba al mundo
Según datos de la Cámara Argentina del Maní, nuestro país es el mayor productor de América Latina, el séptimo a nivel mundial y el primer exportador del planeta. No es un dato menor: el maní argentino es reconocido internacionalmente por su calidad y su sabor. Córdoba concentra la mayor superficie cultivada y se transformó en el corazón del clúster manisero. Mucho del maní que se consume en el mundo —ese que todas las mañanas se unta en tostadas del otro lado del hemisferio— se cultiva en suelo argentino.
Aunque la Argentina produce maní de altísima calidad, el consumo interno es bajo: alrededor de 1 kilo per cápita por año. En la Unión Europea ronda los 5 kilos y en China supera los 10. Lo exportamos con orgullo, pero todavía lo usamos poco en la cocina cotidiana.
El maní no pide protagonismo, pero lo merece. Está en nuestra historia productiva, en la cocina cotidiana y en platos de todo el mundo. Tal vez sea momento de dejar de verlo solo como acompañante de la mesa en segundo plano y empezar a usarlo en la cocina. De mirar con nuevos ojos lo que siempre estuvo ahí
Disfrutá las recetas de Foodit

Ensalada tibia de zapallo, arvejas y espinaca con aderezo de tahini y jengibre

Ensalada antiinflamatoria con mijo y mango

Ensalada prebiótica

Ensalada hidratante de lentejas, hinojo y naranjas

Ensalada antioxidante

Ensalada detox de verdes

Financiers de frambuesas con crema de limón

Croquetas de zucchini

Papas rústicas con cheddar

Cookies keto con pasta de maní

Alfajores de matcha y pistacho







