
Entrar a una habitación y olvidar qué se iba a buscar. No recordar enseguida el nombre de una persona conocida o necesitar más tiempo para aprender algo nuevo son situaciones que se presentan de forma frecuente con el paso de los años. Aunque muchas veces forman parte del envejecimiento normal, también despiertan una preocupación cada vez más extendida: ¿es posible hacer algo hoy para cuidar la memoria del futuro?
La respuesta de la neurología moderna es alentadora. Si bien no existe una fórmula para evitar completamente el deterioro cognitivo, sí hay hábitos que pueden ayudar a reducir el riesgo y favorecer un envejecimiento cerebral más saludable. La alimentación ocupa un lugar central, aunque los especialistas advierten que no alcanza por sí sola.

“No existe un alimento mágico. La prevención hoy se entiende como una estrategia integral. Comer bien es muy importante pero no alcanza por sí solo. Lo que más protege al cerebro es mantener durante años un patrón de alimentación saludable, acompañado por actividad física, buen descanso, vínculos sociales y control de los factores de riesgo cardiovasculares”, explica el Dr. Alejandro Guillermo Andersson, médico neurólogo, director del Instituto de Neurología Buenos Aires y egresado con Diploma de Honor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El especialista remarca que la ciencia cambió su forma de abordar estas enfermedades. Si durante años la búsqueda estuvo centrada en encontrar un tratamiento capaz de revertir la demencia, hoy el foco está puesto en intervenir mucho antes, cuando todavía es posible modificar aquellos factores que influyen sobre el envejecimiento del cerebro.

Nuevo patrón alimentario
El modelo que reúne mayor respaldo científico combina las características de la dieta mediterránea con la llamada dieta MIND, por sus siglas en inglés (Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay), diseñada específicamente para favorecer la salud cerebral.
Este patrón alimentario prioriza verduras —especialmente las de hoja verde—, frutas, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva extra virgen, frutos secos y pescado, al tiempo que limita los alimentos ultraprocesados, las grasas saturadas, el exceso de azúcar y el consumo habitual de alcohol.
La dieta MIND incluye alimentos ricos en ciertas vitaminas, carotenoides y flavonoides que se cree que protegen el cerebro al reducir el estrés oxidativo y la inflamación.
Más que una dieta estricta, se trata de incorporar hábitos sostenibles que puedan mantenerse durante décadas. “No se trata de comer perfecto una semana, sino de repetir buenos patrones durante años“, resume el neurólogo.

Un menú para cuidar la memoria
No se trata de seguir una dieta estricta, sino de incorporar un patrón de alimentación que pueda sostenerse en el tiempo. Como guía práctica, Andersson diseñó un menú semanal para adultos sanos a partir de los 40 o 50 años. (Este plan debe adaptarse a las necesidades particulares si existen enfermedades como diabetes, enfermedad renal, hipertensión severa, trastornos digestivos, alergias o cualquier otra condición que requiera una indicación médica específica).
Haciendo clic en cada una de las imágenes, se puede:
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Lunes
Desayuno: Yogur natural o kéfir con avena, arándanos y nueces. Café o té sin azúcar.
Almuerzo: Ensalada grande con hojas verdes, tomate, palta, garbanzos, huevo duro y aceite de oliva. Una fruta.
Merienda: Frutillas o manzana con un puñado chico de almendras.
Cena: Pescado al horno con limón, brócoli y batata
Una opción saludable, colorida y perfecta para resolver la cena sin complicaciones; nutritiva, facilísima y lo mejor es que se cocina casi sola.
Martes
Desayuno: Tostada integral con palta y huevo. Infusión.
Almuerzo: Lentejas guisadas con verduras (zanahoria, cebolla, morrón, tomate y especias) + ensalada simple.
Merienda: Yogur natural con semillas de chía o lino molido.
Cena: Pollo a la plancha con ensalada de rúcula, tomate, zanahoria y quinoa
Un plato completo, liviano y lleno de colores; perfecto para una comida energizante.
Miércoles
Desayuno: Avena cocida o remojada con canela, frutos rojos y nueces.
Almuerzo: bol mediterráneo: arroz integral o quinoa, vegetales asados, hummus, hojas verdes y aceite de oliva.
Merienda: Una fruta y un puñado chico de pistachos o almendras.
Cena: Tortilla de espinaca o acelga con ensalada de tomate, pepino y cebolla morada
Resolvé tu almuerzo o cena con una propuesta saludable, liviana y repleta de sabor; fácil de preparar.
Jueves
Desayuno: Yogur natural con fruta, avena y semillas.
Almuerzo: Vegetales salteados con pollo, cúrcuma, pimienta y arroz integral.
Merienda: Chocolate amargo en pequeña cantidad y una fruta.
Cena: Ensalada de sardinas con porotos y aceitunas
Saciante y nutritiva, combina la cremosidad de los porotos con la intensidad de las sardinas y el toque salado de las aceitunas en un plato exprés, fresco y repleto de proteínas.
Viernes
Desayuno: Omelette con espinaca y tomate. Una fruta.
Almuerzo: Pescado a la plancha con ensalada de hojas verdes, remolacha y zanahoria. Aceite de oliva.
Merienda: Yogur natural o kéfir con semillas.
Cena: Sopa de verduras con lentejas o porotos
El plato de cuchara perfecto para los días de frío; una sopa nutritiva y exprés con lentejas turcas que no necesitan remojo y se cocinan en minutos junto a tus vegetales favoritos.
10 claves para un cerebro saludable
Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una diferencia en la salud cerebral. Estas son las principales recomendaciones del Dr. Alejandro Guillermo Andersson para incorporar en la alimentación cotidiana.
- Que no falten verduras de hoja todos los días. Espinaca, acelga, rúcula, berro o kale forman parte de los alimentos más asociados con un envejecimiento cerebral saludable.
- Elegir aceite de oliva extra virgen como grasa principal. Es uno de los pilares de la dieta mediterránea y del patrón MIND.
- Incorporar legumbres varias veces por semana. Además de aportar fibra y proteínas vegetales, favorecen el metabolismo y contribuyen a una microbiota intestinal saludable.
- Consumir frutos rojos. Cuando sea posible, incluir arándanos, frutillas, moras o frambuesas. Si no están disponibles, pueden reemplazarse por frutas de estación.
- Comer pescado al menos dos veces por semana. Especialmente variedades como sardina, caballa, salmón o trucha.
- Reemplazar los ultraprocesados. En lugar de golosinas o productos industrializados, elegir frutos secos, fruta fresca o yogur natural.
- Reducir los ultraprocesados sin obsesionarse. No hace falta prohibirlos por completo, pero sí evitar que ocupen un lugar habitual en la alimentación.
- Prestar atención a la cena. Si hay problemas de sueño o reflujo, conviene optar por comidas más livianas durante la noche.
- Cuidar también la microbiota. Una alimentación rica en verduras, frutas, fibra, legumbres y alimentos fermentados favorece la salud intestinal, cada vez más vinculada con el funcionamiento del cerebro.
- No buscar atajos en los suplementos. Vitaminas u omega-3 pueden ser útiles en situaciones puntuales indicadas por un profesional, pero no reemplazan una buena alimentación, el ejercicio físico y un descanso adecuado.
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