
Algo muy molesto en la cocina son esas pequeñas mosquitas que suelen revolotear alrededor de las frutas, los trapos de cocina, las juntas de los cerámicos o las bachas de lavado. Son conocidas como mosquitas de la fruta.
Las mosquitas de la fruta presentan un tamaño diminuto, que ronda entre los 3,2 milímetros a los 4,7 de longitud. En tanto, sus larvas son prácticamente imperceptibles para el ojo humano y se desarrollan entre los 7 y los 14 días posteriores.

Son atraídas por los compuestos aromáticos que desprenden las frutas y hortalizas durante los procesos de maduración, descomposición o fermentación. Allí depositan sus huevos; cada hembra puede poner entre 300 y 800 huevos. Sin embargo, también pueden hacerlo en desagües, basureros, trapos húmedos y otros lugares de la cocina.
Esto demuestra que, además de sentirse atraídas por los compuestos volátiles liberados por los vegetales en descomposición, buscan ambientes que les proporcionen humedad y materia orgánica para desarrollarse.

Si eliminamos las condiciones que les resultan favorables y generamos un ambiente hostil para ellas, será mucho más fácil mantenerlas alejadas de nuestra cocina. Para ello es importante:
- Controlar el estado de maduración de las frutas y hortalizas. Cuando alcancen una madurez avanzada, conviene guardarlas en la heladera.
- Mantener las frutas a temperatura ambiente cubiertas con una campana o recipiente ventilado que permita la circulación del aire.
- Mantener una correcta higiene del hogar, eliminando posibles fuentes de alimento y humedad.
- Conservar la bacha y los trapos de cocina limpios y secos.
- Verter todas las noches un chorro de agua caliente en los desagües de la bacha para reducir la acumulación de residuos orgánicos.
La higiene es fundamental para controlar estas plagas, especialmente en rincones y zonas de difícil acceso, como bachas, lavaplatos, desagües o lugares con pérdidas de agua. Es importante evitar la acumulación de humedad y la generación de olores que puedan atraerlas.

Muchas veces se aplican insecticidas en las áreas afectadas y se observa que el resultado no es el esperado. Esto ocurre porque la mayoría de los insecticidas están diseñados para eliminar a las moscas en su estado adulto, pero no actúan de manera eficaz sobre los estadios juveniles. Mientras las mosquitas adultas mueren, los huevos y las larvas sobreviven y continúan el ciclo biológico, lo que explica por qué la infestación suele reaparecer al poco tiempo.
*Tomás Gill es ingeniero en Alimentos y creador de la cuenta @curiosidadalimentaria en redes sociales, espacio de divulgación donde combina ciencia y alimentos.
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