Los secretos del salame: cómo elegirlo, cortarlo y conservarlo según un experto de Tandil

De la mano de Lucio Rancez, embajador de Cagnoli, te contamos todo lo que tenés que saber para reconocer un embutido de alta calidad, el truco del corte a 45° y la mejor forma de guardarlo en casa para que no pierda su magia

Por Foodit

Pocas tradiciones unen tanto a los argentinos como el ritual de “picar algo” antes de comer o celebrar un encuentro. En el centro de esa mesa compartida, indiscutido y federal, siempre reina el salame. Pero, ¿sabemos realmente qué define a un buen salame tandilero? ¿Cuál es la diferencia real con un salamín? ¿Y cómo deberíamos cortarlo para potenciar todo su sabor?

Para responder a estos interrogantes y desmitificar algunas creencias, conversamos con Lucio Rancez, embajador de Cagnoli, la emblemática marca de Tandil que lleva décadas perfeccionando el arte de los chacinados y que este julio estará presente en la 20° edición de Caminos y Sabores. Prepará la tabla, afilá el cuchillo y descubrí la guía definitiva para lucirte en tu próxima picada.

Lucio Rancez, embajador de Cagnoli.
Por FooditLucio Rancez, embajador de Cagnoli.
Ni en envases plásticos ni en la quesera: una experta explica cómo y dónde guardar los quesos que sobraron de la picada

-¿Qué tiene adentro un salame?

El auténtico salame clásico de Tandil es un embutido de picado grueso. Su receta tradicional parte de una armoniosa mezcla de tres elementos fundamentales: carne vacuna, carne de cerdo y tocino o grasa de cerdo de alta calidad.

A esta base se le suma una condimentación delicada donde mandan la sal, la pimienta y el ajo, muchas veces macerados previamente en vino tinto o blanco.

Según la receta familiar y la herencia, pueden aparecer variantes. Por ejemplo, los embutidos secos de estilo español incorporan pimentón, mientras que una longaniza calabresa se inclinará por el ají molido y el anís. En definitiva, es el equilibrio entre la condimentación, el tamaño del picado y el tiempo de maduración lo que define la identidad única de cada pieza.

Cagnoli
Gentileza cagnoliCagnoli

-Salame vs. salamín: ¿es solo cuestión de tamaño?

Aunque a menudo los usamos como sinónimos, sus diferencias van más allá del nombre y responden a distintos momentos de consumo:

Salame: es el formato más tradicional. Su calibre es grande y su peso suele superar los 300 gramos, pudiendo alcanzar piezas de hasta 3 kilos (como el tipo Milán o el Cantimpalo). Hoy estas grandes piezas se reservan principalmente para el feteo y fraccionamiento en fiambrerías o para uso gastronómico.

Salamín: es una versión más moderna y dinámica. Pensado para el consumo del momento, ofrece la porción justa, entre 150 y 220 gramos para llevar a una reunión y compartir de inmediato.

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RAUL BLAS FERNANDEZ.

-El “detector” de calidad: ¿en qué fijarse antes del primer bocado?

Para asegurarte de llevar a la mesa un producto de excelencia, los especialistas de Cagnoli sugieren prestar atención a cuatro señales clave:

  1. La textura visual: un buen salame no debe verse ni sentirse grasoso al tacto. Si percibís una capa aceitosa por fuera, significa que las grasas se han fundido, lo que altera su calidad.
  2. La “feteabilidad” (y que no se desgrane): al cortarlo con un cuchillo bien afilado, la rodaja debe mantenerse firme y unida. Si se desgrana, indica un defecto en el amasado original del embutido.
  3. La firmeza al tacto: no debe ser extremadamente blando. Aunque el salame es un producto “vivo” que sigue perdiendo humedad en el punto de venta, debe presentar aspecto consistente y madurado.
  4. El “emplume” (el hongo blanco): en los salames tradicionales que se venden “desnudos” o al gancho, esa cobertura de hongo blanco superficial (similar a la del queso camembert) es sinónimo de calidad. Este hongo actúa como un escudo natural contra la luz y la humedad, y confirma que el producto realizó su correcto secado en cantina.

¿Qué pasa con los envasados al vacío? Para variedades como el fuet, el salamín ahumado, el especiado o la sopressatta, la tecnología de Atmósfera Controlada (ATM) es una gran aliada. Este sistema bloquea la merma de peso y preserva la textura y maduración exacta para que el consumidor lo disfrute en su punto justo.

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RAUL BLAS FERNANDEZ.

-¿Cómo saber si está en mal estado y cómo conservarlo en casa?

Al ser un producto curado y vivo, el salame tradicional sigue perdiendo agua (“mermando”) con el paso de los días.

  1. Señales de alerta: en los salames sin envasar, cualquier alteración de color o consistencia en el “emplume” blanco exterior revela una mala conservación (habitualmente por falta de ventilación o exceso de humedad ambiental). Asimismo, si el producto queda expuesto al oxígeno durante mucho tiempo sin protección, se seca en exceso y pierde su perfil de sabor original.
  2. El truco de guardado: para que no se ponga duro como una piedra, lo ideal es guardarlo en un lugar fresco, seco y oscuro donde no haya corrientes de aire. Si no contás con un sótano o despensa adecuada, la mejor alternativa hogareña es colocarlo en la zona menos fría de la heladera (el cajón de vegetales), envuelto en un paño de papel de cocina. Así lo protegés del aire frío directo mientras respira adecuadamente.
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Por Foodit.

-El secreto tandilero: ¿cómo se debe cortar?

¿Hay una forma correcta de cortar? En Tandil la respuesta es unánime: el corte debe ser al bies o a 45°. Esta inclinación no es un capricho estético. Cortar el salame de forma oblicua expone una mayor superficie de la rodaja al contacto con el aire, lo que oxigena el embutido y libera de forma inmediata sus aromas y sabores naturales. Además, permite apreciar visualmente la distribución armónica del tocino, la carne y las especias, garantizando que cada bocado de picado grueso ofrezca el equilibrio perfecto en boca.

-¿Cuál es el maridaje perfecto?

Para armar una tabla verdaderamente equilibrada, el Salame de Tandil con Denominación de Origen (DOT) encuentra a sus mejores socios en los quesos semiduros. El clásico Queso Banquete de Tandil o un buen queso Gouda son los compañeros históricos por excelencia.

Para cortar la intensidad y limpiar el paladar entre bocado y bocado, no te olvides de sumar un toque crujiente y fresco: un puñado de frutos secos (nueces o almendras) y vegetales en conserva son el cierre perfecto para una picada inolvidable.

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